Danzan los cisnes en 3D

el

Por Eduardo Gutiérrez Segura

Especial.

Las luces del Teatro 1 del Centro Cultural se extinguieron, en las bocinas sonó la “Introducción” del Op. 20 de Piotr Ilich Chaikovski (su primer ballet de tempos perfectos: Moderato assai — Allegro non troppo), una delicia para el oído que no se opacó, sino se complementó con la aparición de Anna Nikulina, al centro del entarimado.

Con técnica perfecta en su pas de bourrée couruNikulina plasmó la angustia de la princesa Odette, quien por un hechizo del cruel mago Rothbart fue transformada en el más bello cisne blanco.

La aventura de El Lago de los Cisnes dio comienzo y por dos horas le permitió a los 32 bailarines del MOSCOW BALLET THEATRE Talarium et Lux dar fe de su virtuosismo en cada entrechat, cabriole, assemblé y jeté. La exactitud milimétrica embelesó al público defeño, que agradecido, particularmente por los pas de deux, aplaudió en cada oportunidad que tuvo.

La entrega fue generalizada departe de todos los bailarines, en especial Alexander Volchkov, en su encarnación del príncipe Sigfrido, y un travieso arlequín (que en esta versión sustituyó al personaje del mejor amigo del protagonista, Benno von Sommerstern) con sus grand jeté, brisé volé y coupé jetté battu dieron una prueba que la disciplina y trabajo muscular es igual de exigente en las interpretaciones masculinas.

Especial.La dirección del legendario ex bailarín, ahora maestro de ballet Mikhail Lavrovsky, hizo una mancuerna perfecta con la escenografía en 3D; las piernas del escenario cedieron su lugar a cinco pantallas que proyectaron a majestuosos cisnes en vuelo, el espíritu corrupto del hechicero vengativo, los suntuosos jardines y salones del palacio imperial, y el icónico lago, donde la lucha milenaria entre el bien y el mal tuvo lugar para, en esta adaptación, dar el triunfo al amor verdadero.

La ejecución del port de bras, del fouetté rond de jambe en tournant y los gestos en los rostros hicieron que las palabras sencillamente sobraran, el drama silente de los jóvenes enamorados, condenados al engaño, pero impulsados por ese sentimiento para perdonar, olvidar y hacer frente a la adversidad, impregnaron en el ambiente de una ternura y emoción casi palpables.

Sobrepasado por lo que veía en escena, el público respondía con sus vítores para premiar a los danzantes, quienes también le dieron su privilegiado lugar a Anna Nikulina, cuando ésta abandonó la candidez y romanticismo del tutú blanco, para convertirse en el rostro del engaño sensual y pasional: Odile (El cisne negro, que hiciera aún más popular Natalie Portman) y llevó al éxtasis a Sigfrido, con quien se fundió en un prominente pas de deux.

Sigfrido tarde descubrió el engaño, no obstante, enamorado verdaderamente de Odette fue en busca de su destino que culminó, según el final ideado en 1877, con la lucha entre príncipe y hechicero. El héroe le arrancó una de sus alas a Rothbart, destruyendo así sus poderes e inundó la pantalla de plumas negras. Una vez roto el hechizo de las doncellas cisne, Sigfrido se casó con Odette y el telón cayó.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s