El funcionario Bueno, una crítica al sistema inoperante

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Por Eduardo Gutiérrez Segura

“El funcionario bueno para el sistema es un hijo de la chingada”, dice enfático un director de escena, esto, como parte de la trama de la obra de teatro El funcionario Bueno, que a decir de su escritor, Alberto Lomnitz, es una comedia divertida y conmovedora, que juega con el espectador, incluso desde su título.

El funcionario… narra la historia de Joel Bueno, subcoordinador nacional de teatro, que es un burócrata bienintencionado y sentimental, pero ineficaz para la política, el texto tiene un trabajo creativo de cuatro años, y fue acreedor del Premio Nacional de Dramaturgia y aceptado en la convocatoria de la Coordinación Nacional de Teatros para ser exhibida en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque, a partir del 7 de mayo, a las 19:00 horas.

“Es una obra que era muy importante para mí montarla en Bellas Artes, porque tiene un juego de teatro dentro del teatro, es una comedia acerca de los funcionarios, que son parte del Instituto Nacional de Bellas Artes, y la intriga gira entorno a una puesta en escena, y que es la que el espectador está viendo”, adelantó el director.

Más que una denuncia a funcionarios corruptos, la puesta en escena de Lomnitz tiene su enfoque en “una critica al sistema mal concebido y que los que más lo padecen son los mismos funcionarios. Está llena de juegos de espejo, de doble sentido, la obra quiere responder: ¿qué es un buen funcionario?”, señaló.

Joel Bueno será interpretado por Silverio Palacios, quien en entrevista aseguró: “Todos los funcionarios de este país son el blanco perfecto para las mentes que quieren desarrollar una crítica ardua. Este personaje se presenta al espectador para abrir un tema de debate. Lo estoy trabajando con profundas charlas con el director y mi experiencia al hacer tramites.

“Estoy tratando de imprimirle, la inteligencia de funcionar, la que obedece a todos los comportamientos y las normas de la burocracia de nuestro país. Me identifico con él, porque la naturaleza del mexicano nos induce a proceder de determinada manera en la burocracia por nuestros vicios de conducta”, añadió.

El reto que el rol le representa al actor no es menor: “No es fácil reconocer que uno tiene vicios de conducta, uno siempre como artista quiere permanecer al margen, y decir ‘yo para nada soy promotor de la corrupción’, pero la verdad es que todos en el fondo lo somos, y es algo que me afecta, reconocerme parte de ese mecanismo que no es útil en estos tiempos”, finalizó.

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