Desmitifican a Hidalgo, con su ‘historia jamás contada’

Por Eduardo Gutiérrez Segura

“No sé cómo me convertí en insurrecto, sí sólo quería ser comediante”, dice amargamente en hombre en su celda del Hospital Militar de Chihuahua, más que gallardo, valiente y orgulloso, se le ve abatido, y quejumbroso ante su inminente destino, el paredón. Lejos de de aquella imagen del guerrero que pidió le dispararan a su mano derecha, que tenía puesta en el corazón, el Padre de la Patria, que retrató Antonio Serrano en “Hidalgo, la historia jamás contada”, es simplemente un hombre de carne y hueso, que como todos sintió miedo y arrepentimiento ante la muerte.

En un relato 90 minutos, que exacerba el talento en diseño de arte de Brigitte Broch, –ganadora del Óscar-, la fotografía de Emiliano Villanueva, el regio vestuario, confeccionado bajo la perspectiva de Leticia Palacios y el sonido de Toño Diego, “Hidalgo, la historia…” revelará a los espectadores los secretos que el héroe, en su afán de ser glorificado, acalló del hombre que en 1810, y aprovechando la invasión francesa a España, decidió llevar a un pueblo, bajo el estandarte de la Virgen de Guadalupe a una guerra en pos de la libertad.

Apasionado, sí, pero por las mujeres, el teatro, el juego y el vino, el encargado de mostrar el aspecto pendenciero del conocido como Generalísimo de las Américas, fue Demián Bichir, quien sin falsas posturas ni rebusques actorales, logra ofrecer ese sentimiento de sentir al criollo como alguien cercano, lejos de aquellas estampas que en la primaria todos utilizaban para ilustrar los resúmenes de las fiestas nacionalistas del 15 y 16 de septiembre.

A Bichir lo refuerza el bien logrado trabajo actoral de Ana de la Reguera (Josefa), que hace gala de su sensualidad nata, para conseguir que Miguel Hidalgo se ciegue y sacrifique el sacerdocio en aras de su amor, y también, en uno de sus mejores papeles, Cecilia Suárez (con Amadita), que permite recordar, con su comicidad, que en la pantalla no se está tratando de educar, con visiones fidedignamente históricas, ni imprimir el clímax de la gesta histórica con batallas bien armadas y costosas, sino reflejar a aquellas mujeres que marcaron la vida del cura que vivió en muchas ocasiones sin la pasión esperada.

A destacar, el guión de Leo Mendoza y la dirección/producción de Luis Urquiza y Lourdes García, que hacen de la de Serrano, una visión que dejará con algunos pendientes para aquellos puristas de la historia puesta en los libros de texto, y a los siempre ávidos de grandes efectos especiales o por qué no, la de quienes esperarían ver en pantalla el momento en el que con todo su entereza el hombre se transformó en patriarca nacional, en Dolores.

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